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[Opinión] Estudiar Diseño de Videojuegos en España

[Opinión] Estudiar Diseño de Videojuegos en España

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PorCésar Cortés Santos  - 
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Hubo un tiempo en el que la industria del videojuego en España vivió momentos felices. La Edad de oro del software español la llamaron, un nombre un tanto ostentoso quizá, pero desde luego que no nos fue nada mal. Nombres como Game OverLa Pulga o La Abadía del Crimen eran reconocidos como títulos de gran calidad, en especial este último, y lo cierto es que durante los 80 fuimos un país europeo bastante potente a nivel de desarrollo. Entrañable época los 8 bits… Aunque ya sabemos como avanza el mundo de la tecnología, los ordenadores evolucionaron a los 16 bits y a Europa comenzaron a llegar una serie de máquinas que nos darían muchas alegrías (hola NES). Pero a quiénes quizá no les alegró tanto fue a los jóvenes desarrolladores españoles, quienes no se supieron subir al imparable carro de las consolas de sobremesa.

Se ha escrito mucho sobre esta etapa de la historia del videojuego en España, pero es de obligatoria mención para entender como anda a día de hoy el panorama del videojuego en España. Sí, ahora las cosas son bien distintas, pero sigue habiendo industria. Desde el clásico desarrollo de garaje, topicazo de la Edad de oro del software español, pasando por la mediana empresa, y las grandes tipo Mercury Steam o Gameloft Barcelona; cada vez son más numerosos los estudios que desarrollan videojuegos en España. Las plataformas de distribución digital son el principal culpable de este genial impulso en el desarrollo nacional, debido a que ofrecen la posibilidad de abarcar proyectos con una inversión inicial reducida. Android-iOS, Steam, PSN… y como no, la antigua WiiWare y la actual eShop, en las cuales se ha publicado algún que otro gran proyecto español como NyxQuest o Zombie Panic in Wonderland, son algunas de las posibilidades que los desarrolladores encuentran para dar salida a sus productos.

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En España hay desarrollo de videojuegos y, sobre todo, hay talento, pero lamentablemente la demanda del mismo no es tan alta como en otros países. Tampoco es extraño encontrar nombres de por aquí en los créditos de numerosos títulos internacionales. ya que además de la mayor demanda de empleo, en otros países también gozan de mejores, infinitamente mejores, condiciones de empleo (ejem, ejem…) Pero lo cierto es que aquí lo que no nos falta es gente con ganas de desarrollar juegos, de llevar su pasión por este mundillo a un nuevo nivel, y por qué no, de convertirlo en su forma de ganarse la vida. Ante este creciente aumento de oportunidades de desarrollo, y de interés en esta industria, han surgido varias ofertas formativas con las que poder lanzarse de lleno al desarrollo de software.

Habréis deducido, sobre todo tras este último párrafo, que yo mismo opté por una de estas ofertas, más concretamente por el Grado en Diseño y Desarrollo de Videojuegos impartido en ESNE (único centro que ofrecía una carrera universitaria oficial centrada en el desarrollo de juegos). Pero existen múltiples opciones (U-Tad, Digipen, UPM, UPC…) y el objetivo de este artículo no es vender una u otra, sino ofrecer una pequeña ayuda a aquellos que os podáis estar planteando meteros en esto de los videojuegos, o que simplemente os pique la curiosidad. Si algo tienen todas estas formaciones en común es que no son para nada económicas, ni públicas, por lo que más de uno os llevaréis un jarro de agua fría con este aspecto. Estudiar videojuegos es caro, muy caro. Ya optes por un Grado de 4 años, como si lo haces por un Máster de 1, o un «simple» cursillo de verano, la formación en desarrollo de contenidos digitales no te será económica, por lo que no podrá ser accesible para todo el mundo. El que decide meterse en este sector ha de tener esto muy presente, y por tanto, tener muy claro que quiere dedicarse a ello de pleno.

Durante la carrera aprendí muchas cosas, pero sobre todo me quedo con una, la visión realista de este complejo mundillo. Esto significa ser consciente de que los videojuegos son obras colaborativas, en las que cada desarrollador ha de ofrecer su mejor esfuerzo para ir sumándolo al del resto, y así, ir consiguiendo un producto bien acabado. Es una creencia bastante extendida el pensar que una única persona puede asumir todo el proceso de desarrollo de un videojuego. Aunque esto puede darse en el caso de pequeños juegos, los títulos de gran calidad que tanto apreciamos suelen ser creados por equipos de varias personas; y estos proyectos pueden durar meses e incluso años. Por lo tanto se ha de ser consciente del equipo humano con el que el grupo de desarrollo cuenta, y en consecuencia, de la magnitud del proyecto que se puede abarcar. Cómo olvidar esos primeros meses de carrera en los que todos queríamos crear Metal Gears, Zeldas y World of Warcrafts (si, el de los Zeldas era yo). ¡Quién se hubiera dado cuenta de que el éxito estaba en los juegos tipo Flappy Bird, o en los condenados pájaros cabreados! (jamás entenderé esa obsesión que tiene la gente con los pájaros…)

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Es normal no tener del todo claro cuales son los perfiles que existen dentro de un estudio, por lo que una formación de este tipo puede ayudarte a conocer los distintos roles que cada desarrollador adopta. De pequeño siempre disfruté con la informática, cacharreando con ordenadores, programas y de más. Mi idea siempre fue estudiar la carrera de informática, para así posteriormente especializarme en programación de videojuegos realizando un Máster. Pero finalmente descubrí este tipo de estudios, y decidí realizarlos. Esto me brindó la posibilidad de participar en las diferentes etapas de desarrollo de un videojuego, así como de comprender los distintos perfiles laborales que existen. Descubrí que el grafismo y el diseño de mecánicas de juego eran las partes con las que más disfrutaba, por lo que decidí centrarme en ellas. En mi opinión, encontrar qué es lo que más te apasiona, y especializarte en ello es lo más importante para labrarse un hueco en esta industria (programadores-artistas de éxito… haberlos haylos, pero no es lo más común). Por tanto, creo que es una estupenda opción realizar estudios especializados en una disciplina concreta, sean de carácter oficial o no, eso es lo de menos. Las carreras de videojuegos pueden ser una gran opción, y son estudios realmente apasionantes, pero los cursos y másters focalizados son una alternativa igual de válida.

De la misma forma que los videojuegos avanzan sin parar, lo hacen sus formas de desarrollo, por lo que estar al día es algo bastante inevitable. Afortunadamente hoy en día existen programas, denominados motores de juego o engines, que facilitan enormemente la tarea a los desarrolladores. Estos sirven como nexo de unión para las distintas partes de las que se compone un videojuego (programación, grafismo y audio). Unity 3D es uno de los más suenan últimamente debido a las grandes facilidades que presenta para los desarrolladores independientes. La cantidad de plataformas para las que permite exportar los proyectos, así como la enorme documentación que podemos encontrar del mismo lo convierten en una opción interesante a la que echarle un vistazo.

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Estas cuestiones y otras muchas, son las que con este tipo de formaciones se consiguen afianzar, aunque también me gustaría aclarar no son la fórmula mágica del éxito. Estos estudios aportan las bases necesarias para empezar a desarrollar y crear, pero el auténtico trabajo se encuentra en la formación continua y autodidacta que nos brinda la red. Internet es la mejor de las escuelas para el desarrollo de videojuegos que existe. Los estudios de los que venimos hablando pueden ser una gran forma de empezar, pero tanto si se opta por ellos como si no, en Internet encontraremos todos los recursos necesarios para especializarnos y mejorar (o para empezar desde cero si es que eres de esa clase de valientes).

Considero que para cualquier amante de este apasionante sector puede llegar a ser interesante y enriquecedor aprender un poco sobre el desarrollo de los mismos (aunque no sea desarrollador, ni pretenda serlo). Descubrir como ha sido el proceso creativo de un título, seguir su evolución a través de entrevistas, documentales, libros de arte e incluso películas, puede llegar a ser una experiencia tan divertida como jugar al propio juego.

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