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Seguro que más de uno (y de dos) ha visto esta carátula en la tienda de juegos que habitúa, y se ha preguntado: “¿De qué va este juego tan raro?”
Para los que no lo sepan, se trata de la cuarta parte de la saga Ace Attorney, también conocida como Phoenix Wright por tierras europeas. Si tiene cuatro partes, es que debe ser un buen juego ¿verdad? En efecto. El juego tiene una base simple: nos pone en la piel de un abogado novato que tiene que resolver los casos de asesinato más rocambolescos y enrevesados que se puede uno echar a la cara. Estos casos son los que van a hacer que nos mantengamos pegados a la pantalla durante horas, hasta que por fin metamos entre rejas al malote de turno.
El juego empieza con un tutorial, un juicio rápido. Con varias pruebas y actas judiciales tendremos que demostrar que nuestro defendido es realmente inocente, a pesar de que todos los indicios apunten en su contra. Sí: la mitad del juego transcurre dentro de una sala de juicios mientras interrogamos a los testigos más raros que puedan existir. La clave del juego es precisamente esa: interrogar y demostrar a los testigos (y por supuesto al juez) que lo que presenciaron no fue realmente lo que presenciaron (o quizá sí, quien sabe). Uno por uno, los testigos pasarán por el estrado y darán fe de lo que vieron o hallaron. Nos encontraremos a gente honesta, y a gente que quiere encubrir hechos determinados liando, de esta forma, la madeja. Ahí es donde entramos en acción, levantaremos nuestro dedo y gritaremos la seña de identidad de la saga: ¡Protesto!  Pero no podremos protestar vehemente tanto como nos gustaría…al contrario. Debemos pensar muy mucho cual es la parte del alegato que realmente sabemos que está falseada y además fundamentar con pruebas (que hayamos conseguido por nuestra cuenta o hayan sido presentadas en el juicio) que nuestra protesta es totalmente válida. En caso de no serlo, el juez nos penalizará, algo que se traduce en una barrita verde que va decreciendo más o menos, dependiendo de la clase de error que hayamos cometido. Si la barrita se agota, nuestro defendido será declarado culpable, y se acabó lo que se daba.

Por si no fuera poco, tendremos frente al estrado de la defensa al fiscal Gavin, una estrella de rock licenciado en leyes que nos querrá ver fuera de la profesión por todos los medios: falsificará pruebas, esconderá datos relevantes y hará que sus testigos no digan todo lo que en realidad saben. Por fortuna para nosotros, disponemos de un brazalete mágico (todo tiene su explicación) que detecta cuándo un personaje está mintiendo por estar bajo presión. Sólo tendremos que observar cuidadosamente algún tic nervioso del mismo y señalarlo con el lápiz táctil. La sensación de desmontar los argumentos de alguien que sabemos que miente es inigualable. Ni que decir tiene que todos los casos son tan misteriosos y con una trama tan elaborada, que no podremos dejar de jugar hasta descubrir todos los pormenores que se encuentran detrás de cada asesinato. Ni CSI. Cuando no estemos en el juzgado, nos encontraremos investigando escenas del crimen, interrogando posibles testigos y buscando pistas. Todos los personajes hablan en perfecto español, y cuando digo perfecto, es perfecto: expresiones típicamente españolas, algún que otro refrán, y nada de traducciones chapuceras al estilo Metal Gear. Estas fases sirven como contrapunto a la tensión que se vive durante los juicios en los que más de una vez nos encontraremos al borde de una sentencia en nuestra contra. De todas formas, el juego está plagado de bromas dentro del marco de tanto crimen. El carisma de los personajes es único y te haces a ellos desde el primer momento, por muy mal que a priori te puedan caer: ni aburren, ni son pesados.

Coge el lápiz táctil y resuelve los cuatro crímenes que te propone el juego y descubrirás por qué Ace Attorney es una de esas sagas de renombre en Japón. Gráficos: 8/10 Jugabilidad: 9/10 Duración: 9/10 Adicción/hitoria: 10/10 Total: 9/10
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